En Italia como en casa

 Quien tiene un amigo tiene un tesoro. Y si el amigo es italiano y te invita a su boda… pues ni te cuento. Menudo homenaje nos ofreció mi recién casado amigo!! Todo un lujo en il Paradiso  di Manú.
No hay más que palabras de agradecimiento por la ceremonia y el largo banquete en el que nos sirvieron innumerables platos de alto copete. Sé que voy un poco tarde porque la boda fue en octubre… pero: Felicidades a Valeria y Nico desde este blog. 
Y es que es imposible que cuando uno vuelve de Italia no vuelva añorando su gastronomía.
Tienen un recetario y tipo de cocina muy similar a la nuestra. Lo que conocemos como la dieta mediterránea. Pero sin embargo, cada vez que he tenido la suerte de visitar la Itàlia, vuelvo enamorado. 
Es como si uno se transportase a los orígenes olvidados de la propia cocina. En cualquier bocado se acumulan sabores, olores y sensaciones, que aunque ya conocemos, parece que los re-descubrimos en unas recetas diferentes a las nuestras.
El mismo embutido de cerdo que vemos en la imagen, y que es muy similar a nuestros productos de chacutería, tiene en Italia un sabor más dulce. Quizás más suave y ligero por un menor tiempo de curación… Pero irresistible en cualquier caso. Como dice mi amigo Nico “no es el perro el mejor amigo del hombre, sino el cerdo” y es que… “del cerdo se aprovecha todo… hasta los andares”
En el norte de Italia también podremos disfrutar de una gran variedad de quesos similares a los de nuestra tierra; donde conviven los de oveja, los tipo camembert, otros con pasas… y curiosa la tabla de quesos mermeladas y nueces en la pza de Finalborbo. Si ya lo dice el refrán “nueces, pan y queso… saben a beso”.
También quiero compartir con nuestros lectores un plato de espaguetis que disfruté hasta la última alcaparra. Los espagueti del pirata, que son una magistral combinación de pasta con salsa de tomate, marisco de la zona  -almejas y mejillones- con alcaparras y laurel. Todo un recital que me  me obligó a exigir una segunda ración de pan y un plato para las cáscaras… Me permití pedir una segunda servilleta para atarme al cuello -en modo babero, como los grandes!-. Y todo como en casa, en Finalborbo.
Detalle del pórtico de entrada a la villa medieval.

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